¿Con metrónomo o sin él?

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Es curioso cómo cada vez que comienzo a tocar con un nuevo grupo de música de cámara, siempre surge la misma pregunta:

¿Probamos con metrónomo?

Pero más sorprendente es que siempre hay diversidad de opiniones: unos a favor y otros en contra. Aunque cabe decir que en momentos de necesidad, hasta el más reticente acaba aceptando usarlo.

Pero ¿Es que el metrónomo es algo malo?, ¿Nos hace ser peores músicos?

Sinceramente, no lo creo.

En mi opinión, el metrónomo es una gran herramienta que todo músico debe tener siempre cerca. Aunque como todo, tampoco se debe abusar.

Entonces, ¿Cuándo hay que utilizarlo en música de cámara?

Evidentemente no hay una respuesta única y válida para todos, pero en este post me gustaría compartir con vosotros mis sugerencias, que siempre me han servido con cualquier grupo.


Estudio Personal

Por extraño que te pueda parecer, el trabajo de música de cámara empieza de forma individual.

Tu instrumento, tu partitura, “el metrónomo” y tú.

En esta primera fase, cada músico entra en contacto con su propia partitura y es aquí donde debe estudiarla y solventar posibles dificultades técnicas, para después poder trabajar sin problemas y de forma eficiente desde el primer ensayo con el grupo.

Yo considero que aquí el metrónomo es esencial y por ello debe de ser nuestro compañero de viaje durante toda esta fase. De esta forma evitaremos adquirir esas “libertades métricas” de las cuales muchas veces no somos ni siquiera conscientes. (Pequeños ritardandos al final de frase, acelerar en pasajes rápidos o leer erróneamente el ritmo de un compas.)

¿Qué esta fase parece la del estudio de tu propio repertorio?

¡Pues claro! Al fin y al cabo la música de cámara no deja de ser repertorio y hay que darle el mismo trato (¡Lo merece! 🙂 )


Primeros ensayos

Cada miembro del grupo ya se ha estudiado las partituras y se toca la obra por primera vez.

A mí personalmente me gusta que toquemos de principio a fin la obra o movimiento. De esta forma te puedes hacer una idea del conjunto de la obra, descubres cuales son las cosas que no han funcionado, cuales se pueden mejorar, y en definitiva, por dónde empezar a trabajar.

Al ser el primer contacto con la obra, tener el metrónomo cerca viene muy bien por varias razones.

La primera es que es un momento perfecto para hablar y decidir los tempos de cada movimiento. Muchas veces cada uno tiene una idea distinta en cuanto al tempo y provoca que este no se estabilice hasta que ya hemos tocado unos compases de la obra. Esto puede crear una sensación de inestabilidad e incluso puede generar los primeros roces en el grupo.

Los roces son unos de los mayores problemas que pueden encontrarse en la música de cámara y la inestabilidad en tempos pueden acrecentarlos. Así que como bien dijo Samuel Espinosa durante la entrevista al Trio Vasnier El metrónomo es un poco el jefe y es totalmente objetivo. Nadie desgraciadamente puede discutir contra él, así que o te adelantas o te atrasas”.

Otra razón es que utilizar el metrónomo nos ayudará a estabilizar el tempo de la obra a nivel grupal, de modo que pasar la obra con él una o dos veces no estará de más. Una vez este está estable, podremos discutir entre todos los diferentes aspectos de la interpretación y decidir aquellos pasajes donde queremos ensanchar un poco el tempo o aquellos en los cuales queremos que la música respire un poco más.

Hay que tener en cuenta que usarlo no implica dejar de interpretar y tocar como si de un estudio se tratase. Pero muchas veces, nuestra interpretación parte de una idea individual que nos lleva a hacer rubatos o acelerando no escritos sin darnos cuenta y esto puede llevar a desequilibrarnos.


Madurez de la obra

Una vez pasados estos primeros ensayos, el uso del metrónomo pasa a ser algo anecdótico.

En principio los tempos ya están estables, respiramos juntos y tras un ritardando somos capaces de recuperar el tempo primo.

Pero nunca está de más tenerlo cerca, ya que hay veces en las que dedicamos mucho tiempo a un mismo repertorio.

¿Nunca te ha pasado que has estado trabajando durante meses una misma obra, para tocarla en un examen, en un concurso, en una serie de varios conciertos o incluso la utilizas como obra comodín cada vez que te surge un concierto inesperado?

En estos casos, las obras pueden llegar a viciarse sin que nadie se dé cuenta, con lo que probar de vez en cuando a tocar de nuevo la obra con el metrónomo puede ayudar a refrescarla.


Concierto

¿Concierto? ¡Claro que no! 😀

¡Esta vez déjalo en el camerino, sal al escenario y disfruta!


En resumen…

Metronom

¿Y tú qué opinas sobre el uso del metrónomo en la música de cámara?

Ya estés a favor o en contra del metrónomo, anímate y deja tu comentario.

Y si te ha gustado el post, ¡no dudes en compartirlo en las redes sociales!


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