La música de cámara tras los estudios

Cuando terminamos los estudios y nos lanzamos a la vida profesional, conseguir mantener o crear un grupo de música de cámara, puede llegar a convertirse en una ardua tarea. Pero las buenas noticias son que por difícil que parezca, no es imposible.

Cuando finalicé los estudios tuve la suerte de tener una transición bastante fácil en referencia a la música de cámara. Durante los años de Máster formé tanto un dúo de violín y piano, como un Piano Trio (Violín, chelo y piano). Ambos grupos funcionaban bien y todos teníamos muchas ganas de continuar tocando juntos.

Al principio todo fue muy sencillo, porque las jornadas laborables permitían organizar ensayos regulares, pero poco a poco se fue complicando. Uno de los mayores problemas con el trío fué que el chelista decidió cambiar de profesión y tras probar 4 chelistas más y ver que la cosa no funcionaba, decidimos dejar de buscar, ya que nos estaba empezando a afectar bastante, incluso a nivel personal.

Entre tanto, me surgió la oportunidad de formar un cuarteto de cuerda. Al principio todo iba muy bien, pero poco a poco, nuestros horarios dispares comenzaron a volverse problemáticos y finalmente nos dimos cuenta de que cada uno buscaba algo diferente del cuarteto, que nuestras prioridades eran muy diversas y que no merecía la pena estar con quebraderos de cabeza con algo que auguraba no tener mucho futuro.

Tras estos intentos por mantener un grupo de música de cámara y otros muchos para formar grupos nuevos, me dí cuenta de que la música de cámara se vuelve bastante complicada tras los estudios. En parte esto tiene sentido, ya que al fin y al cabo, mientras estudiamos, todos tenemos relativamente bastante tiempo para probar nuevos grupos y no nos importa que este tiempo no aporte rentabilidad económica. Pero tras los estudios, buscar la rentabilidad a corto plazo de nuestro escaso tiempo libre, se convierte en una realidad.

Pero como bien os decía antes, no hay que desesperar. Y si realmente te gusta la música de cámara ¡hay que seguir intentándolo!

Muchos recordaréis que al principio también había nombrado a un dúo y os preguntaréis ¿Y qué pasó con él?

Fácil respuesta, seguimos trabajando juntos. Y es que, el que quiere puede y aunque haya muchos intentos fallidos, siempre hay alguno que sale bien. Y por eso merece la pena intentarlo.

Es por ello que me gustaría contaros los posibles problemas que se os podrán presentar y claro está, cómo buscarles una solución.

Porque aunque de los problemas se aprende, nunca está de más saber de antemano qué te puedes encontrar.



Incompatibilidad de horarios

Habéis decidido formar un grupo y llega el momento de organizar el primer ensayo. Abrís las agendas e intentáis buscar un hueco que todos tengáis libre para ensayar y os dáis cuenta de que ese hueco o no existe o resulta muy corto o demasiado ajustado entre otras actividades para alguno de vosotros.

No pasa nada. Si realmente queréis intentarlo, es momento de que cada uno dedique un tiempo a replantearse el horario para buscar nuevos huecos. ¿Hay alguna actividad que puedas cambiar de hora?, ¿Podrías prescindir de algo?

Si aún así, es complicado buscar un hueco de forma regular, podéis plantearos la posibilidad de elegir agrupar todo en un periodo de tiempo en el que dejéis las agendas en blanco y sólo os dediquéis al grupo. Ya sean 3 días, dos semanas o un mes, podéis daros la oportunidad de agrupar ensayos intensivos, concursos o conciertos en esos días, y así poder mantener las demás actividades el resto del año.

Un ejemplo de esta forma de trabajar es el Trio Vasnier, quienes hablaron de ello durante su entrevista.

Otra opción sería buscar a los integrantes del grupo en función de su agenda, siempre y cuando la parte musical no se vea afectada por ello. Y es que para hacer música de cámara, más importante que los horarios es la conexión con la persona.


 

Distintos objetivos

Cada persona tiene una forma distinta de ver la música de cámara. Hay personas que disfrutan tocando con gente distinta en cada proyecto, otros que prefieren trabajar con tiempo y profundidad cada obra y otras personas que se juntan para desconectar de la vida diaria, sin preocuparse del todo por el resultado.

En alguna ocasión puede pasar que estos tres tipos de personas se conozcan un día, se caigan muy bien y decidan formar un grupo de cámara. En ese momento, la persona a la que le guste trabajar en profundidad, se sentirá frustrado porque uno de los compañeros se despreocupe de ello y sólo quiera tocar de arriba a abajo. Y puede que para ambos sea toda una sorpresa cuando al cabo de un tiempo, el otro compañero les diga que ha disfrutado mucho tocando con ellos, pero llega el momento de probar a tocar con nueva gente.

Obviamente sería mucha casualidad tener a estos tres tipos de personas tocando juntos e incluso si ocurre, siempre pueden encontrar un punto medio que satisfaga a los tres. También es cierto que nuestras prioridades pueden variar con el transcurso del tiempo.

Pero mi consejo es que antes de formar un grupo de cámara, expongáis los objetivos de cada uno. Ya estéis pensando en un proyecto a largo o corto plazo, lo importante es buscar compañeros con objetivos similares a los tuyos.


 

Cambio de compañero

Hay veces en las cuales tenemos que cambiar a uno de los miembros del grupo. Puede ser por muchas cosas: temas de salud, personales o cambio de ciudad, entre otros.

Esto, al igual que tener prioridades diferentes, nos puede ocurrir durante los estudios y la vida profesional.

Ante este tipo de situaciones, simplemente hay que mirar hacia adelante e intentar buscar a una nueva persona pensando en el grupo. Entre todos tendréis que decidir el tipo de persona que creéis que encajaría mejor con el grupo. Podéis proponer músicos que ya conocéis y probar durante un tiempo con la nueva persona.

Es importante que seais conscientes de que supondrá un periodo de transición. Si la primera persona que probáis no funciona, no os preocupéis y seguid intentándolo con otra.

Espero no haberos desanimado, sino todo lo contrario.

La música de cámara es una gran oportunidad para disfrutar de la música de forma más personal, trabajando en equipo, permitiéndote estar en una búsqueda continua de diferentes sonidos y colores, y porqué no, de socializar con cerveza en mano para desconectar tras un ensayo.

Por todo esto merece la pena ser tenaz e intentar mantener la música de cámara viva en nuestra vida musical.

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Y tú, ¿Cuál ha sido tu experiencia con la música de cámara tras los estudios?


 

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